Un aval bancario puede proporcionar seguridad al propietario de una vivienda, pero para el inquilino implica una operación financiera que puede afectar a su capacidad económica.

Antes de solicitarlo, es importante conocer cómo funciona y qué consecuencias puede tener.

El banco analiza tu solvencia

Para conceder un aval, la entidad financiera suele estudiar la situación económica del solicitante.

Puede valorar sus ingresos, estabilidad laboral, endeudamiento, patrimonio y capacidad para responder ante posibles obligaciones.

Por ello, conseguir un aval no es automático.

Puede inmovilizar tus ahorros

En determinados casos, el banco puede exigir una contragarantía.

Una posibilidad es bloquear una cantidad de dinero mientras el aval permanezca vigente.

Aunque ese dinero siga perteneciendo al cliente, no podrá utilizarlo libremente durante el periodo establecido.

Esto puede reducir la liquidez disponible para afrontar otros gastos.

Existen comisiones

El aval puede generar costes de estudio, formalización y mantenimiento.

El importe dependerá de la entidad y de las condiciones concretas de la operación.

Antes de contratarlo conviene calcular cuánto supondrá realmente durante toda su vigencia.

Afecta a tu capacidad financiera

Aunque el aval no sea un préstamo convencional, representa un compromiso financiero que la entidad debe valorar.

Si posteriormente necesitas solicitar una hipoteca, préstamo personal u otra financiación, las obligaciones existentes pueden formar parte del análisis que realice la entidad.

Por eso, no es recomendable solicitar garantías financieras sin valorar previamente sus consecuencias.

¿Qué sucede si el propietario ejecuta el aval?

Si se produce un incumplimiento cubierto por la garantía, el banco puede pagar al propietario en las condiciones establecidas.

Pero posteriormente podrá reclamar al inquilino las cantidades abonadas.

El aval, por tanto, no elimina la deuda: proporciona una garantía al arrendador.

¿Es siempre necesario?

No.

Dependiendo del perfil del inquilino, el propietario puede aceptar otras garantías previstas legalmente, como determinadas garantías adicionales o un seguro de impago.

En los alquileres de vivienda habitual existen límites legales sobre las garantías adicionales que pueden exigirse.

En Vibendo recomendamos valorar el coste y el impacto del aval antes de aceptarlo. Una garantía debe aportar seguridad al propietario sin comprometer innecesariamente la liquidez y estabilidad financiera del inquilino.